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¿Necesitamos un desafío para salir de la zona de confort?

La zona de confort es una zona donde podemos predecir lo que va a ocurrir ,pero en no hay crecimiento ni evolución . No nos cuestionamos lo que hacemos, dejamos pasar nuestros sueños y hacer lo que nos gusta y preferimos seguir atados a lo que nos hace sentir seguros.Salir de esta zona nos cuesta, es complicado

Cuando de repente, drásticamente, nos empujan fuera de esa zona de confort, después de una fase inicial de “pánico” nos forzamos  a pensar, actuar e innovar y nos damos cuenta de todo el potencial que tenemos para hacer lo que nos gusta.

Un maestro Zen y su discípulo estaban peregrinando por campos y montes, cuando encontraron una cabaña muy muy  pobre. En ella vivía una familia: un hombre, su mujer y cuatro hijos. Les pidieron alojamiento y alimento para poder pasar la noche.

A pesar de su pobreza, la familia compartía lo poco que tenían. Durante la cena el maestro preguntó de que vivían: El hombre le explicó que tenían una vaca, de la cual les daba leche que consumían y  cambiaban por otros alimentos. Con lo que sobraba hacían queso y poco más. Eso les permitía ir sobreviviendo a duras penas.

A la mañana siguiente, los viajeros se levantaron antes que nadie para seguir su camino, entonces el discípulo le dijo al maestro:

– Maestro, esta gente compartió con nosotros todo que tenían. ¡Como me gustaría ayudarlos! ¿Podemos hacer algo por ellos?.

El maestro, le dijo:

– ¿Quieres ayudarlos?, ve y empuja la vaca por el barranco.

– Pero, maestro, ¡si es lo único que tienen!

– ¡No discutas y haz lo que te digo!

El discípulo pensó que el maestro había enloquecido, pero no tenía más remedio que obedecer, y así lo hizo.

Un año mas tarde, el discípulo volvió a pasar solo por esas tierras, y lleno de remordimiento y curiosidad busco la cabaña. Al acercarse, vio una casa mucho más grande, bien construida, rodeada de un gran terreno sembrado . Pensó que quizá la familia tubo que vender la cabaña y una nueva, con más posibilidades, se había instalado en su lugar.

Al verlo llegar, el campesino se acercó reconociéndolo y le dijo:

– Bienvenido, ¡Cuánto me alegro de verle! ¡Ustedes nos trajeron «la buena suerte»! El día que se fueron la vaca se cayó por el barranco.

Al principio nos desesperamos pensando que íbamos a morir de hambre y lo primero que hice fue vender la carne. Con lo poco que nos dieron, compré unas semillas y me puse a sembrar para tener algo que comer los siguientes meses, pero la cosecha fue buena y pudimos venderla en el mercado con lo que compré un par de ovejas.

A raíz de eso, mi esposa comenzó a tejer algunas prendas de lana que vende en el mercado y le va muy bien, y mi hijo mayor aprendió a trabajar la madera del bosque y hace muebles para toda la comarca. Hemos podido construir una casa nueva y hasta ahorramos dinero.

Entonces en ese momento, el discípulo comprendió la sabiduría de su maestro.

¿Tienes vacas en tu vida?. Cosas que nos proporciona algún beneficio, pero que a la larga nos hacen ser dependientes de ellas y no nos dejan avanzar.  Pues quizás te convenga arrojarlas por el barranco.

María Fernández de la Riva

Psicóloga clínica M-29020
Tfno. 639 40 74 93

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Psicóloga en Madrid y Majadahonda

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