¿La felicidad está en poder elegir?

Retrocedamos unos años, sólo existía un teléfono, el de casa o el de la oficina, una sola compañía telefónica, un solo modelo de aparato, un solo tipo de contrato y una sola tarifa telefónica.

Hoy elegimos entre  fijos o móviles, multitud de compañías telefónicas,  cientos de aparatos de distintas marcas, distintos modelos, especificaciones, diseños, colores… Diferentes tipos de contrato, coberturas, tarifas. Una decisión compleja y en la que invertimos  mucho esfuerzo y tiempo  y cuando ya está todo decidido… sale un nuevo modelo con más prestaciones, o nuevas tarifas para adaptarse al mercado.

Lo mismo ocurre en otros campos, la libertad de elegir se despliega hoy ante cualquier cosa de nuestra vida, compras, ocio, colegio para nuestros hijos, lugar de vacaciones… pero muchas veces esta explosión de posibilidades  ¿ nos hace más felices  o nos produce muchas sensaciones desagradables?

Barry Schwartz, un importante psicólogo americano, después de muchos estudios, llega a la conclusión de que “elegir no nos ha hecho más libres sino más paralizados, no más felices sino más insatisfechos”.

Según Schwartz, esta libre elección, puede tener dos efectos negativos: la paralización y la insatisfacción.

En toda elección nos surge la duda, y esta duda nos puede llevar a un estado de paralización, a dejar esa decisión para otro momento, para mañana, para cuando tenga más información, se quedará como algo para nuestra lista de pendientes … Se ha comprobado que esta paralización se incrementa cuantas más posibilidades de elección tengamos.

El segundo efecto lo vemos cuando habiendo conseguido superar  nuestras dudas y realizando una elección acabamos menos satisfechos con nuestra opción  que si hubiéramos tenido menos alternativas para elegir.

 Si hemos hemos elegido entre muchas opciones y la elección no es perfecta, que será lo más  habitual , siempre pensaremos que podría haber existido otra opción mejor y esta posibilidad,  nos puede hacer lamentar la decisión restando  satisfacción al resultado.

Otro punto a tener en cuenta es lo que los economistas llaman coste de oportunidad, es más fácil ver las cualidades positivas de las opciones que rechazamos (el valor de las alternativas no elegidas) que de la seleccionada.

Además cuantas más opciones haya, generaremos más expectativas y mayor responsabilidad con el resultado de nuestra elección.

Con todos estos razonamientos, podríamos pensar que una consecuencia de la múltiple variedad de opciones disponibles puede ser gran parte de los problemas psicológicos de la actualidad como depresiones, ansiedad…  ya que aumentan nuestras expectativas, nuestra responsabilidad  y al confrontarlas con el resultado final de nuestra elección generan desilusión , desánimo y frustración.

Pero no creo que la forma de intentar solucionar este problema, sea limitar el campo de elección acotando opciones. Debemos adaptarnos a este nuevo despliegue de oportunidades de la sociedad y aprender a manejarnos en este mundo de complejidad creciente.

Ser conscientes y aceptar el hecho que cualquier decisión supone una renuncia. Que no todas las  decisiones  son relevantes, a veces hay que dejar a la intuición que actué, dejando el riguroso análisis para casos más trascendentales. Reducir la ansiedad y la culpabilización, desactivando procesos de rumiación posteriores a la decisión.

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