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La felicidad de ser uno mismo. Cuento: El árbol que no sabía quién era.

Nuestros padres, familia, amigos, los medios de comunicación, la publicidad, las redes sociales … son factores que nos limitan y moldean, haciendo que nos esforcemos en adaptarnos, en gustar, en encajar en un modelo que consideramos que se espera de nosotros.

Intentar ser quien no somos nos genera un gran malestar psicológico y nos produce grandes sufrimientos. Ser uno mismo es la única posibilidad que tenemos de sentirnos bien.

Hay que dedicarse tiempo a conocerse, no compararse, centrarse en lo que nos hace disfrutar sentirse bien y trabajar la autoestima. Inténtalo y verás lo que se disfruta siendo uno mismo.

Descúbrelo en este cuento Zen.

El árbol que no sabía quién era.


Había una vez, en algún lugar que podría ser cualquier lugar, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales. Todo era alegría en dicho jardín; y todos los árboles estaban muy satisfechos y felices. Sin embargo, uno de ellos, un árbol profundamente triste, tenía un problema: no daba frutos.
 
–“No sé quién soy”, se lamentaba.
 
– Lo que te falta es concentración, -le decía el manzano-, si realmente lo intentas, podrás tener deliciosas manzanas. ¿Ves qué fácil es?
 
– No lo escuches, exigía el rosal. –Es más sencillo tener rosas y ¿ves qué bellas son?
 
Y desesperado, el árbol intentaba todo lo que le sugerían. Pero como no lograba ser igual que los demás, se sentía cada vez más frustrado.
 
Un buen día llegó hasta el jardín un búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, le dijo:
 
– No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Es tu enfoque lo que te hace sufrir.
 
-“No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas. Sé tú mismo. Conócete a ti mismo como eres. Y para lograrlo, escucha tu voz interior”.
 
Y dicho lo anterior, el búho se fue.
 
– “¿Mi voz interior…? ¿Ser yo mismo…? ¿Conocerme…?”, se preguntaba el árbol desesperado.
 
El árbol se puso a reflexionar durante un buen rato. Finalmente, de pronto, comprendió. Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y pudo escuchar a su voz interior decirle lo siguiente:
 
– “Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros y belleza al paisaje. Eso es quién eres. ¡Sé lo que eres!
 
Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces todo el jardín fue completamente feliz, cada uno celebrándose a sí mismo y a los otros…

Disfruta siendo tu mismo.

María Fernández de la Riva

Psicóloga clínica M-29020
Tfno. 639 40 74 93

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Psicóloga en Madrid y Majadahonda

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