En la últimos años han proliferado las investigaciones y estudios centrados en la psicología del perdón, impulsados principalmente por el auge de la Psicología Positiva que lo considera una de las fortalezas humanas debido a sus efectos positivos sobre nuestro bienestar y la felicidad.
Como ejemplo, las investigaciones sobre el efecto del perdón en la salud mental, Mauger et al., (1992) llegaron a la conclusión que bajos niveles de perdón (a uno mismo a los demás) correlacionaban con depresión, ansiedad y baja autoestima.
Definimos el perdón como como “la modificación de los pensamientos, sentimientos y conductas negativas en relación a un ofensor. Los sentimientos y el juicio negativo se reducen, no porque el ofensor no sea merecedor de ellos, sino porque la víctima ha decidido libremente considerar al ofensor con compasión, benevolencia y amor” (Robert Enright).
Si alguien nos ha producido una ofensa o daño, si decidimos no perdonar, solo nos quedan tres alternativas: venganza, redireccionamiento de la violencia u odio mantenido. El coste de cualquiera de estas alternativas, es muy alto, tanto a nivel social como a nivel individual, ya que el mantenimiento del odio y la hostilidad, incrementan el nivel de cortisol en sangre que acaba activando lo que se llama neuroinflamación. Más allá de las razones éticas, morales o religiosas, simplemente por egoísmo e instinto de supervivencia deberíamos intentar perdonar.
Desde la psicología, se han propuesto distintas intervenciones diseñadas para estimular el perdón, todas tienen en común trabajar sobre los siguientes puntos:
- Reconocer la existencia de la ofensa y su importancia, reconocimiento y aceptación del daño, experimentando todo el sufrimiento asociado a él.
- Intentar considerar el punto de vista del ofensor, empatizar, sin quitarle responsabilidad y no implicando que no se haga justicia
- Recordar ocasiones en las que nosotros mismos hemos sido ofensores y nos hemos sentido agradecidos por recibir el perdón de otros. En muchos casos asumir la responsabilidad que han podido tener nuestros actos u omisiones en las circunstancias en las que se ha producido el daño.
- Desarrollar una nueva forma de relación con el agresor, que no tiene por qué ser la reconciliación e integrar todo este proceso en el sentido de nuestra vida.
«¿Quieres ser feliz un instante? Véngate. ¿Quieres ser feliz toda la vida? Perdona»
María Fernández de la Riva
Psicóloga clínica M-29020
Experta en Mindfulness.
Tfno. 639 40 74 93

Genial¡¡¡
totalmente de acuerdo.
Gracias.
Rosana
¡Pero qué difícil y cuántas lágrimas se sueltan por el camino!
Poco a poco…
Gracias, María