Cuando una pareja toma la decisión de separarse, divorciarse, cada miembro queda profundamente afectado en todos los aspectos de su vida, a nivel económico, laboral, personal, con los amigos, la familia, religiosos… . Cuando la separación no es de mutuo acuerdo, y también en este caso, la persona que decide separarse puede experimentar emociones diferentes al que se ve abocado a ella (generalmente, culpa y vergüenza frente a rabia y dolor) pero los estudios muestran que ambos padecen aproximadamente el mismo grado de confusión emocional.
Aunque la mediación familiar no es terapia, es necesario que el mediador ayude a elaborar el duelo de la pérdida de la pareja. Para que el proceso de tenga éxito, la intervención del mediador se dirigirá a que las partes elaboren emocionalmente las pérdidas, tomen conciencia de ellas, las asuman y puedan manejarlas con eficacia. Será necesario que hablen de los diferentes sentimientos y pensamientos, de los miedos, preocupaciones y angustias frente a la separación o divorcio. .
A diferencia de otras formas de intervención , el proceso de mediación sitúa a la pareja en el presente, y se interviene para el futuro, apoyándola en la renuncia de lo que se tuvo, en el desprendimiento del «nosotros» para empezar a ser «yo», ayudándoles al desarrollo de una nueva identidad, distinta a la anterior, en la que pasarán de ser pareja a ser progenitores .
Es importante que la pareja vaya tomando conciencia de que su decisión, sólo les implica a ellos como pareja. Sus vínculos de padres tienen que continuar, por tanto, deben dialogar y comunicarse todo lo referente a sus hijos y trabajar de manera conjunta en la nueva reorganización de la familia. La intervención del mediador les hará reflexionar sobre cómo ha sido la comunicación y la relación que cada uno de ellos ha mantenido con sus hijos, y cómo quieren y pueden mantenerla e incluso mejorarla en el futuro.
Deberan organizarse en todos los temas de la vida de los hijos, de tal manera que tendrán que ponerse de acuerdo en: Cuál va a ser el domicilio habitual de los niños, y con cuál de los progenitores vivirán habitualmente; cómo va a ser la comunicación, las relaciones, visitas y vacaciones de los padres con cada uno de sus hijos, cómo quieren que sean las relaciones de los hijos con la familia extensa , cómo quieren y pueden contribuir ambos al sustento y necesidades de los niños, y cómo van a hacer para poder ejercer responsable y cooperativamente en el ejercicio de la patria potestad.
Y si ellos lo desean, también tendrán que negociar y llegar a acuerdos sobre el reparto de bienes y deudas, y la pensión por desequilibrio económico que pudiera corresponder a un miembro de la pareja respecto del otro.
En la mediación, se verán las ventajas y los inconvenientes de las distintas opciones que presenta la pareja, moviéndolas de sus posiciones para que puedan ver sus intereses y necesidades reales, y puedan llegar a acuerdos beneficiosos para toda la familia, pero en particular para sus hijos.
