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La resiliencia es la capacidad de afrontar, avanzar y transformarse después de haber sufrido una situación traumática. Implica que la persona es capaz de reestructurar sus recursos en función de las nuevas circunstancias y de sus necesidades.

La resiliencia no es una cualidad innata, aunque está determinada en parte por nuestra genética, es algo que todos podemos desarrollar y aumentar a lo largo de la vida.

¿Qué caracteriza a una persona resiliente?

Como describen Melillo y Suarez Ojeda en su libro “Resiliencia. Descubriendo las propias fortalezas”, las características de una persona resilente son:

Autoestima consciente.

Valorarse, aceptarse incondicionalmente, conocerse con nuestros déficits y también con nuestras cualidades y aspectos positivos. Confían en sus capacidades.

Introspección y autoconocimiento.

Son capaces de aceptar las emociones que sienten tal y como se presentan.  No intentan controlar las situaciones sino su actitud, y gestionan las emociones que aparecen.

Independencia.

Saben fijar límites entre uno mismo y el medio, mantienen distancia emocional y física sin caer en el aislamiento.

Capacidad de relacionarse.

Saben cultivar sus amistades, se rodean de personas que mantienen una actitud positiva ante la vida y evitan relaciones tóxicas.

Humor

Una de las características esenciales de las personas resilientes es su sentido del humor. Son capaces de reírse de la adversidad y de si mismos, generando un clima optimista a su alrededor.

Iniciativa y creatividad

Son capaces de emprender y ponerse a prueba con creatividad, abriéndose a nuevas ideas, nuevas experiencias.

Altruismo.

Deseo personal de extender y promover el bienestar a los otros, comprometiéndose personalmente.

Capacidad de pensamiento crítico.

Asumen las dificultades como una oportunidad para aprender.  Analiza críticamente las causas y adversidades que está sufriendo y actúa sobre lo que puede cambiar.

Todos podemos mejorar nuestra resiliencia fortaleciendo y reforzando aquellos aspectos en los que necesitamos mejorar. Esto comienza por un mayor autoconocimiento, es decir, conocer mejor cómo me enfrento a estas situaciones traumáticas o dolorosas.

Además de en la familia y amistades, puedes encontrar ayuda en grupos terapéuticos, que son muy útiles pues compartir experiencias y actitudes es muy beneficioso para fortalecer la resiliencia.

También la terapia con un psicólogo puede ayudar a las personas para desarrollar una estrategia apropiada y acompañarte en el proceso.

En cualquier caso, ser resilente es algo importante, que ayuda a ser más felices en la vida y a afrontar los problemas de forma más positiva. Por eso es una buena idea trabajar en ello, será una buena inversión en tu bienestar. Inténtalo!

María Fernández de la Riva

Psicóloga clínica M-29020
Tfno. 639 40 74 93

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