El duelo: el tiempo no lo cura todo.

A lo largo de la vida, las personas estamos continuamente atravesando duelos, esa sensación de pérdida sin posibilidad de reparación. No siempre tiene por que ir ligado a la muerte, puede tener distintas causas:  la pérdida de la salud, separación de la pareja, perdidas de trabajo o económicas , etc.

Todas ellas provocan emociones y sentimientos parecidos, pero que se diferencian en la intensidad y en la capacidad para asumir la sensación de pérdida.

El duelo, es una experiencia íntima que cada persona vive de una manera individual y diferente. Dentro de una familia por ejemplo la muerte del padre, cada miembro lo vivirá de un modo distinto, pueden experimentarse sentimientos de tristeza, incredulidad, idealización del fallecido, ira, envidia, culpabilidad, tristeza o resignación.

La frase “el tiempo lo cura todo” es tremendamente popular y bien cierto es, que para volver a un equilibrio normal y poder minimizar el ese dolor y la tristeza. se necesita tiempo. Pero no solo tiempo, hay que vivir un proceso, superar distintas etapas y evitar la aparición de comportamientos patológicos.

Creer que el tiempo lo curará todo puede llevar a una persona a esperar pasivamente a que las cosas mejoren y los sentimientos desagradables desaparezcan como por arte de magia. No hay recetas que permitan aliviar el dolor, pero si recursos que ayudan a vivir el proceso de duelo más proactivamente y conscientemente.

El psicólogo J. William Worden (1997), nos propone cuatro “tareas”

TAREA 1: Aceptar la realidad de la pérdida.

Inmediatamente después de la pérdida se experimenta una profunda sensación de irrealidad y una esperanza de reencuentro. Nuestra mente puede pretender fingir que la muerte en realidad no ha sucedido, que la perdida que hemos tenido no es real. Por lo que la primera tarea del duelo es comprender tanto racional como emocionalmente que la perdida que hemos tenido.

TAREA  2: Elaborar el dolor del duelo y dar expresión a los sentimientos.

A veces nos evadimos manteniéndonos ocupados con un ciento de actividades para evitar detenernos y experimentar las emociones desagradables que sentimos. Nos decimos a nosotros mismos frases como “debo ser fuerte” o “debo mantenerme ocupado para así no pensar más en ello”. El procesamiento del dolor por la pérdida es una tarea ineludible hay que permitirse sentir y expresar la ira, la impotencia, la soledad, la tristeza y la ansiedad o cualquier otro sentimiento que tengamos.

TAREA  3: Adaptarse a nuestro nuevo rol tras la pérdida.

Tras una pérdida, es esencial elaborar los ajustes internos y externos necesarios para adaptarse a una nueva vida sin la persona o aquello que hemos perdido, para ello tenemos que identificar y reorganizar los nuevos roles y tareas que debemos asumir

TAREA 4: Reinvertir energía emotiva en otras relaciones, inquietudes o actividades.

A pesar del inmenso dolor que deja esta pérdida, es esencial para el doliente continuar viviendo con un sentido de propósito. Esta tarea implica poco a poco dejar de invertir una gran cantidad de nuestra energía emocional en la relación con la perdida para reinvertirla en otras personas, actividades o relaciones.

El tiempo ayuda, utiliza todos los recursos que tengas como la compañía de seres queridos, pero si en un momento te ves superado por una perdida y empiezas a sentir una ruptura de equilibrio físico a psíquico, acude a un profesional o a un grupo de apoyo que te acompañaran y facilitaran tu proceso de duelo.

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