Ansiedad en las personas mayores.
La ansiedad es un estado emocional caracterizado por síntomas de malestar, inquietud y preocupación excesiva, miedos recurrentes y que hacen pensar de manera constante en que algo malo va a suceder, súbitos ataques de pánico sin tener claro el motivo, compulsiones, dificultades para concentrarse o dormir, distintos trastornos del sueño, sentimiento de opresión y angustia, irritabilidad, sudoración excesiva y un largo etcétera.
Diversos estudios encuentran que la tercera edad presenta tasas menores de estos trastornos en comparación con los de otras etapas vitales, esto puede ser debido a que cuando la ansiedad acompaña a otros trastornos (por ejemplo, depresión, demencia, alcoholismo…) estos últimos prevalecen como categoría diagnóstica.
Las causas de la ansiedad en la tercera edad pueden ser muy variadas. Por un lado, hay personas que arrastran sus problemas ansiosos desde años atrás, que pueden agravarse a edades avanzadas. Pero hay otras específicas propias de los cambios vitales que se producen a partir de los 65 años. La jubilación, el progresivo deterioro de la salud y las capacidades, la pérdida de la autonomía personal, la necesidad de tener que mudarse a una residencia ante la incapacidad de desenvolverse en la vida cotidiana, el aislamiento social, la reducción de los ingresos económicos o la cada vez más cercana presencia de la muerte pueden provocar signos depresivos y ansiosos en muchas personas.
El tratamiento con fármacos debe tener en cuenta un adecuado balance entre beneficios y riesgos para el paciente anciano: hay que considerar los efectos secundarios y las dificultades para el metabolismo hepático.
Dentro de los tratamientos psicológicos, el entrenamiento en relajación parece ser útil. Diversos autores señalan la eficacia de la relajación muscular progresiva. Desde la orientación conductual se utilizan técnicas de desensibilización, desde las terapias cognitivas se pretende identificar la conducta problema y desde las llamadas terapias de tercera generación, nos proponen el Mindfulness y la terapia de aceptación.
