El Mindfulness está en auge, los beneficios son evidentes, reducimos el estrés y la ansiedad, gestionamos mejor nuestras emociones y con ello aumentamos nuestra sensación de bienestar, nos sentimos más calmados, más serenos.

Pero, ¿Cómo se consigue esto? ¿Es magia, iluminación? No, es simplemente práctica.

 Con Mindfulness aprendemos a conocer al funcionamiento de nuestra mente, incrementamos la consciencia para poder responder a las circunstancias y las situaciones como nosotros elijamos, en vez de responder impulsivamente , de una forma automática.

Evidentemente, esto no es fácil, requiere entrenamiento.

A través de la meditación y otras prácticas informales vamos experimentando y aprendiendo capacidades que luego integraremos  en nuestra vida diaria:

 

  • Cambiamos el foco de atención de forma deliberada, lo que nos proporciona una mayor consciencia de hacia dónde se dirige nuestra atención y “entrena el musculo” desarrollando la concentración y la flexibilidad de la atención.
  • Modificamos la manera de relacionarnos con nuestros pensamientos. Cuando la mente se dispersa en nuestras prácticas, volvemos una y otra vez a nuestro punto de atención, sin juzgar nuestros pensamientos ni sentimientos, sin “engancharnos” a ellos, dejándolos pasar, ganado perspectiva.
  • Conexión mente-cuerpo. Experimentamos y adquirimos consciencia de las sensaciones que vamos detectando en las distintas partes del cuerpo mientras realizamos las prácticas, lo que nos permite percibir las señales tempranas que el cuerpo nos comunica para percibir la aversión, la atracción, las emociones, el estrés, la ansiedad… y poder actuar con antelación.
  • Cambiamos la relación con las dificultades. Cuando aparece el sueño, la incomodidad, el aburrimiento o la irritación en una meditación, tomamos distancia, observamos los efectos que nos está produciendo y respondemos de una manera consciente. Descubrimos que frecuentemente, hay más opciones, más más alternativas de respuesta a las circunstancias de la vida.
  • Aprendemos como la respiración es un recurso que siempre tenemos. En circunstancias difíciles de nuestra vida, siempre podemos utilizar la respiración como un vehículo para parar, liberar tensiones y controlar impulsos.
  • Nos volvemos más amables con nosotros mismos. En las prácticas nos hacemos conscientes de los juicios y críticas que vertemos sobre nosotros mismos y aprendemos a tratarnos más amablemente.

 

Los esquemas mentales de nuestra vida, nuestra “rumiación” continua por el pasado y por el futuro, nuestras obsesiones con determinados pensamientos y sensaciones, llevan con nosotros mucho tiempo. Para tener éxito cambiando estos patrones mentales que nos impiden sentirnos bien, necesitamos dedicar tiempo y esfuerzo: practica.

Solo a través de la practica conseguiremos aprender nuevas formas de manejar nuestro estado de ánimo y emociones, consiguiendo sentirnos bien, en calma.

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