Mindfulness y la regulación emocional

Las emociones son inherentes a la experiencia de la vida. Son reacciones psicofisiológicas transitorias que cuando se toman como realidad esencial pueden generar sufrimiento y dirigirnos hacia conductas no adaptativas.

Sin embargo desde un estado de mindfulness, se pueden vivir tal y como son, como experiencias  transitorias que tienen un comienzo y un fin, como fenómenos  de nuestra mente y no como la realidad de nuestro yo.

Ante estas emociones podemos reaccionar de dos maneras que nos producen gran sufrimiento: reprimiéndolas y negándolas o con un estado de enajenación.  El reprimir o negar las emociones nos produce un bloqueo de la información que se transmite al S.N.A   (Sistema Nervioso Autónomo) y acabaremos presentando síntomas que  somatizaremos en algún lugar de nuestro cuerpo.

Desde el Mindfulness, la emoción se observa como un proceso  de la mente, siendo conscientes de la influencia que tiene en el cuerpo y el pensamiento, de esta manera no existe ni la enajenación ni la represión.

Entre las distintas aproximaciones que hay a la regulación emocional con Mindfulness, una de las que más me gusta es la del maestro Thich Nath Hanh, que sigue un proceso parecido a las competencias de Inteligencia Emocional desarrolladas por Goleman.

El primer paso es reconocer la emoción, mediante la autoconciencia y la conexión cuerpo-mente obtenida con la práctica del Mindfulness, podremos notar, sentir, nombrar y reconocer la emoción que estamos  viviendo.

El segundo paso es aceptar esa emoción, es lo que estamos sintiendo sin importarnos si “deberíamos” estar sintiéndolo o no.

El tercer paso es acoger la emoción, como una madre que sostiene en sus brazos a niño que llora, dándole todo su afecto y su cariño. Cuida de tu emoción hasta que se calme, con paciencia, con cariño y comprensión, para ello es muy útil cualquier meditación de atención en la respiración.

El cuarto paso es indagar en la emoción, con cariño y con paciencia , buscar las causas, los condicionamientos, nuestros temores, nuestros prejuicios, ver las cosas como en realidad son para saber lo que tenemos que hacer.

El quinto y último paso es desarrollar ecuanimidad, viendo el proceso de forma impersonal, soltando la emoción, dejar partir, ya forma parte de nuestro pasado.

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