Si alguna vez has retrasado una cita con el dentista, o has pospuesto para el próximo mes el propósito de apuntarte al gimnasio, y nunca encuentras el momento de arreglar determinados papeles o empezar hacer un régimen, no eres el único. Aplazar los asuntos pendientes, retrasar las decisiones para mejor momento, dejar para mañana lo que podrías hacer hoy, es una costumbre muy humana conocida como procrastinación.

Las razones más habituales por las que procrastinamos suelen ser:

  • Perfeccionismo: si no puedes hacer la tarea de forma perfecta prefieres no hacerla y quizás mañana las condiciones sean mejores.
  • Miedo:  Si la tarea supone un riesgo, sentimos que no podemos hacerlo, tenemos miedo de fracasar y quizás mañana tengamos más recursos y seamos más capaces.
  • Aburrimiento y pereza: la tarea nos aburre, no nos supone ningún reto, prefiero hacer algo más placentero y quizás mañana me moleste menos hacerlo.

Este retraso voluntario, el “quizás mañana”, nos causa una disonancia incómoda que intentamos aliviar inventando montón de excusas como: “Trabajo mejor bajo presión.” , “No es un buen momento”,“Tengo otras cosas más importantes que hacer” ,“No tengo tiempo”….

Este tipo de excusas y pensamientos análogos nos alivian momentáneamente, pero a la larga las consecuencias de la procrastinación suelen ser muy perjudiciales para el individuo:

  • Estrés.
  • Sentimiento de culpabilidad.
  • Pérdida de productividad.
  • Juicio social y estigmatización relacionado a la evasión de sus responsabilidades (por ejemplo: en el trabajo).

Aquí os dejamos algunas sugerencias para dejar de procrastinar, dejar de pasar tanto tiempo pensando y utilizarlo más en hacer. El uso que hacemos del tiempo es una de las mayores fuentes de satisfacción personal

Da un primer paso y no pienses en lo que sigue. Si temes a una tarea por el motivo que sea, plantéate trabajar solo 5 minutos y dejarlo. Cuando empiezas el miedo se desvanece, vences esa resistencia y coges impulso para continuar y terminar el trabajo. Deja de pensar y hazlo.

Divide el trabajo en tareas pequeñas y concretas. Un proyecto grande y complejo puede resultarnos excesivo. “Divide y vencerás”

Prémiate, Establece una recompensa para cuando termines esa tarea que se resiste. Motívate, define tus propios incentivos.

Hazlo público. Si se trata de un reto importante, hazlo público. Te sentirás responsable y comprometido, y te costará aplazar el trabajo.

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